jueves, 24 de diciembre de 2009



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Busca alhajas en apestosas fosas oscuras.

Con sus huesudos dedos nevados acaricia la mugre
y la arrastra hacia su cuerpo como si de fina seda se tratase.

Grita y lo tira todo al aire: "¡Viva, lluvia de mierda!"

Respira el olor ácido de la cuidad
e imagina montañas llenas de orgánica intensa
dónde a espasmos danza, sintiendo el poder y la inmensidad
de percatarse que, su libertad, la lleva dentro.

Por un momento resopla relajada como si todo fuese mutuo y se duerme contraída.

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...pensando que él la pensara a ella.

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